Acompañaban la noche con música y en algún museo con danza, la cultura se abrazaba en un ánimo de protegerse del futuro incierto, paralelo al entorno que les rodea.
En el patio, los naranjos daban sombra a los que habían decidido asistir al concierto de la Raval’s Band de l’Escola de Músics i JPC, que atacaba diferentes piezas inundando el aire de sonidos bailables que obligaban con su ritmo a moverte. Llegamos a las bodas de Luis Alonso de jorge gimenez, sobre cuyo nombre el director de la banda, un hombre jóven y simpático fue desgranando chistes que provocaban la risa en los expectadores, Lagrimas Negras, y un chachachá cerraron el concierto.
El segundo objetivo era la domus de sant honorat en la calle fruita, partiendo de San Honorato fuimos en su busca, no lo conocíamos, una pequeña cola enfrente del bar Anduriña, como su nombre indica, gallego, y cuyo dueño falaba galego con otros clientes que habían venido de Carballiño, estaba la domus.
El bajo de la ciudad te abre el mundo de la historia, una casa que descubre silos para el cereal, las tabernas alquiladas y la propia casa en si, donde aún podemos ver baldosines de una gran belleza.
Fuimos saboreando con calma el recorrido, silencioso y en la penumbra inquietante de las sombras y luces. Una jóven que trabajaba nos explico en un mapa el contenido global de lo que estabamos contemplando.
La siguiente opcion era el Museo de las Ideas e Inventos de Barcelona, la cola atravesaba la plaza Sant Jaume, decisión pasar de largo. Buscabamos ahora en la calle Princesa el museo de la Indumentaria, que no vimos. La cola del Picaso informaban de una espera de hora y media.
Entramos en el Museo Textil de la Indumentaria, donde tenían abiertas al público dos exposiciones, nos decidimos por la que no tenía espera, se presentaban diferente diseños industriales y sus procesos de creación.
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"Flaneando" palabra que sustituye a callejear, en un francés españolizado, nos decidimos a tomar una cerveza (yo sin alcohol) en algún lugar tranquilo. La ciudad de noche adquiere tonos diferentes. Terminamos en la Plaza del Padró, en el Raval, recién remodelada y que ha quedado un rincón fantastico con cuatro mesas de dos bares cercanos, tranquilamente nos tomamos nuestra cañita.


